


Rafaela, Santa Fé
Yo, ente de ánimo tornadizo y lucidez inquieta, ando por este mundo como quien porta a un tiempo don y desvarío. No diré que mi entendimiento sea escaso, antes bien, suele lanzarse presto por vericuetos donde pocos alcanzan; mas así como se alza, así también se disgrega, cual humo llevado por vientos contrarios.
Moro en mí una suerte de reino sin concierto, donde no hay monarca firme que rija, sino voces varias que pugnan por el mando, cada cual reclamando su instante de imperio. Y aunque la voluntad, en su esencia, no carece de brío, hácese sitiada por tumultos internos que la desvían de su recto curso.
Miro a los otros con ojo que no yerra fácilmente, penetrando en sus trazas y dobleces con agudeza que roza lo implacable; empero, siendo así con el mundo, comigo mesmo tropiezo en naderías y me extravío en lo ínfimo.
Así pues, no soy sino hechura a medio templar: caudal de ingenio sin reposo que lo dome, artificio elevado que aún no halla la mano que lo afine, promesa que se anuncia

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